Quemar la noche


Chicote 2016
Querer es poder – dicen. Yo quiero poder salir a caminar ocho kilómetros, pegarme una ducha y salir a cenar como sin nada. Pero no es el caso. Al llegar a casa te espera Boco, mi sillón amoroso, de más de dos metros de largo, con respaldo y reposapiés graduable, que espera tu regreso sabedor de que no podrás resistirte. Toda, como cada noche, tomar el tratamiento y recordar que mi carrera contra cáncer es una carrera de fondo. 

La educación recibida en el seno de una familia “de bien” obliga a sentarse con prudencia, dulzura y sin cruzar las piernas. La realidad se muestra tremenda cuando abres la puerta y ves el asiento. Justo el tiempo para colocar el cojín y caer a plomo. No sabía que pesaba tantos kilos ni que caminar fuera tan agotador.

Pasado un rato encuentras postura, te recolocas y, hasta, logras levantarte a coger el mando de la tele para ver las noticias y traerte un vaso de agua fresquita, no tan buena con la de Saskaitz, pero tan gratificante como la que esperan los camellos en el desierto.

El amigo WhatsApp alerta. Han llegado las amigas lejanas dispuestas a quemar Madrid, cena, espectáculo y copas. ¡Magnífica oportunidad para ponernos al día! Este verano no hemos podido disfrutar el café del mercadillo, las cenas de playa, los tallats de noche, ni las escapadas de compras. Pero Ohh, me miro y veo que ya estoy con el vestido de noche. Mejor duermo. Garbancito se fue pero su huella me acompaña día y noche.

images-1Con Josecho, Pepe, Juanjo, Jesús, María José (2) y Carmen. Lujo de compañía en La Huerta de Tudela.

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3 opiniones en “Quemar la noche”

    1. Tener cerca a las amigas siempre es un placer, aunque el cuerpo no aguante tanto como quisiera. Compartir mesa y disfrutar de la comida navarra, que voy a decir yo, un lujo.

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